martes, 5 de agosto de 2014

las olas

l. En las leyendas griegas las Nereidas,
nietas de Océano, son las olas innumerables
del mar. Poseen gran hermosura y pasan el
tiempo hilando, tejiendo, cantando, nadando
con delfines, y dejando flotar sus cabelleras
(GRID, 314). Acciones o imágenes todas
ellas que son propias de las olas, haciendo y
deshaciendo sin cesar sus bordados líquidos
en una música estrepitosa y grave. Las Nereidas
no desempeñan ningún papel activo
en la mitología. Como ellas, las olas simbolizan
el principio pasivo, la actitud de quien
se deja llevar, que va a merced de las olas.
Pero las olas pueden ser levantadas con violencia
por una fuerza extraña. Su pasividad
es tan peligrosa como la acción incontrolada.
Representan toda la potencia de la inercia
maciza.
Las olas levantadas por la tempestad han
sido comparadas también a los dragones de
las profundidades. Simbolizan entonces las
irrupciones repentinas de lo inconsciente,
otra masa de orden psíquico, de engañosa
inercia, lanzada por las pulsiones instintivas
al asalto del espíritu, del yo pilotado por la
razón.
2. La leyenda irlandesa evoca «la novena
ola» y la expresión sirve para designar el límite
de las aguas territoriales. Cuando los
Goidels llegan a Irlanda, son rechazados en
primer lugar por la magia de los druidas de
los Tuatha De Danann y se retiran provisionalmente
a la distancia de la novena ola.
Pero la ola tiene también un valor religioso
y mágico: Morann, hijo del rey ilegítimo
Cairpre Cenncait (cabeza de gato) es un ser
deforme cuando viene al mundo. El intendente
de su padre lo arroja al mar, pero al
pasar sobre él la novena ola le da una verdadera
forma humana y se pone a hablar. Uno
de los hijos de la diosa (o figura mitológica)
galesa Arianrhod, rueda de plata, se llama
Dylan Eil Ton, «Dylan hijo de la ola». El
simbolismo de esta diosa es el mismo que el
del agua, fuente de vida y de purificación;
pero es también la matriz en donde se modela
el ser (WINI, 3,189-190; LEBI, 4,
passim).
Diccionario de lo Símbolos- Jean Chevalier