domingo, 26 de marzo de 2017

bien leve

Mejor leo algo melancólico
y acepto mi condición de tristeza,
me resigno a no disfrutar este verano,
hasta ahora tan soleado,
e intento dejarme caer,
así,
bien leve.

*

Estaba amaneciendo en Colliguay cuando saqué a la Julieta -mi perra- a dar un paseo por el patio de la cabaña en donde estábamos con mi familia. Había estado llorando durante dos horas frente a la puerta, y yo ya no podía dormir.
Afuera los cerros se dibujaban en el fondo rosado del cielo, aún quedaban sombras de la noche en el ambiente. Una vez afuera la Julieta ya no quería hacer nada, estaba pegada a mis pies, se resistía a caminar. Hasta que en un momento fue hasta el centro del patio y se encorvó de forma extraña: la cabeza estaba en su pecho y sus patas traseras se estiraban hacia la cabeza. Se arrastró algunos pasos en esa posición.
Yo me asusté al verla hacer eso, la llamé varias veces, pero no hizo caso. Finalmente tuve que tomarla y cargarla hasta la casa.
Los perros de las parcelas cercanas aullaban con la aparición de un nuevo día.