
mis zapatillas se mojaron y las calles se inundaron. Me senté en la micro, intentaba mirar afuera a través de la ventana llena de gotas, desde ahí las luces de los focos se veían difusas, los sonidos se iban poco a poco y practicamente me quedaba sola, sentada vegetal con la cabeza pegada en el vidrio helado. Algo salió de mi, creo que por algunas centésimas de segundo logré ver el centro de mi centro, hace tiempo que no lo encontraba entre tanta rapidez, números y evasiones. Y ahí me quedé un rato más mirándome, ahora sabía que quería irme, quería estar todo el día en esa micro, para después bajarme en la punta de algún cerro, aunque mis calcetines se empaparan. Pero lo que quería aún más era que esta lluvia limpiara todo este estero, quería que mis párpados se volvieran a abrir limpios como antes, quería volver a tener ganas de escribir. Si esta lluvia pudiera limpiar mi cerebro tal como limpia las calles yo empezaría de nuevo por millonésima vez, sólo que ahora no tendría ese miedo injustificado a partirme en dos. Sería bastante favorable si esta agua sacara el obstáculo que me tiene atrapada en este alcantarillado lleno de cajas de cigarros que yo no tiré, las gotas se llevarían tus manos, tu piel y tus canciones que suenan en todos los diales.
Tras tus pupilas siguen estando las nubes multicolores, que pese a todos mis deseos a estrellas fugaces o piletas, (que jamás dan resultado, así que no crea en huevadas) , esta lluvia improvisada no va a poder arrastrar fuera de mi, (por ahora).
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