domingo, 20 de septiembre de 2015

cruzando la cordillera

Aniceto sonríe. Sí, el amor no es como la cordillera, aunque en la cordillera también te puedes romper el alma. El tren se acerca al túnel grande. Sabe que él vivirá todo eso, todo ese inverosímil enredo amoroso, y sospecha que puede salir de él como una espada de plata o como un enmohecido tarro de conservas. Pero no podrá escapar de su destino y no hará nada para escapar; al contrario, le gustará desafiarlo, se verá obligado a desafiarlo, animado por aquello que le pertenece y que no le pertenece, que existe en él, y que él no conoce, todo eso que es incapaz de dominar y que tampoco querría dominar.

Manuel Rojas - Mejor que el vino

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