miércoles, 5 de febrero de 2014

pero puta qué importa

me vi despertando en una cama que no era la mía
con un poco de caña y media confundida
super confundida,
bien extraña

bajé a mi casa como a las una
check in
hacer mochila
partir con sonrisa
bien contenta

aeropuerto 5 horas antes
ver los aviones salir y llegar
sao paulo paris londres iquique

me vi con el erre tomando unas chelas pa resistir la espera
durmiendo en la ceramica fría
y esperar

iquique cavancha la pisca los tatas
arequipeña y los nortinos
oruro y la puta

en cochabamba cachamos al antony
y con las tres imperiales en 25 bolivianos pudimos caminar entre los taxis
y las vendedoras de mangos

nos vi encerrados en hostales con cable
viendo películas y tomando agua
aguantando la lluvia 
pensando en valpo y en la nueva vida

copacabana y un poco de sol
la amigdalitis la sonrisa la esperanza verde y los llantos entre las sabanas
ya me empiezo a alejar ya me estoy virando de verdad
los recuerdos se retuercen y la mente se empieza a calmar

soy grande tan grande que me asusta y el lago se mueve igual
buses pa acá y pa allá
un perro negro mirando al sudeste cerca de abancay
donde todo parecía indicar que el frío iba a parar
que nos vamos al mar que nos vamos a bañar

y ahora lima y de repente somos turistas
y ya no me acuerdo de nada
ya no sé nada
ni porqué me vine
ni cómo voy a empezar






viernes, 22 de noviembre de 2013

**

- tengo la idea de que si vamos a Bolivia
 erre se quede allá,
 que me diga: " pe, me quiero quedar",
 y que yo le responda: "quédate, quédate."

Después lo abrazo fuerte,
y le digo que no se preocupe,
que los papás ya no son papás,
que nosotros ya no somos hijos,
que sólo somos erre y pe;
podemos desaparecer cuando queramos.



jueves, 14 de noviembre de 2013

lunes, 4 de noviembre de 2013

referen

. tú y tu cerveza y lo grande que eres.
. Allá Buñuel, tus gentes y tú.

lunes, 21 de octubre de 2013

*

Ayer oí el grito ronco de una mujer que gozaba.
un momento después me tomé una copa de alcohol puro.
Y lloré sobre las desventuras que afligen a mis semejantes.
Luego tomé una copa de whisky. Lloré sobre cuanto tienen
que sufrir, a causa de mis semejantes, los animales y las aves
de nuestro planeta.
Luego tomé una copa de pisco. Lloré por los reptiles, los peces
y los insectos.
Luego, una copa de vino. Lloré por las flores, las hojas, los
frutos, por las raíces que se entierran suelo abajo.
Por fin tomé un vaso de cerveza. Lloré por nuestros hermanos,
nuestros tiernos y dulces hermanos que no hablan, que no
crecen, que no fornican: los minerales.
Entonces me encomendé al obispo de la Vía Láctea y le imploré
tuviese a bien pedirle al sumo hacedor hiciese caer sobre la Tierra
una lluvia abundante de agua de Su Reino o de las simples nubes
si el tedio en aquel instante lo dominaba.
Llovió.
Estiré ambas manos juntas. Me incliné sobre ellas. Bebí,
bebí agua, agua inocente y celeste.
Apareció pibesa, lenta, regular, sobre sus empinados
taconcitos rojos.
Sonriente, se dejó atar con cadenas gruesas.
Desnuda, clara, lejos de toda sombra de alcohol. Clara,
diáfana. Su cabellera de oro viejo y oscuro; su sexo de oro vibrante.
Sus pies con las dos largas gotas sangrientas de los taconcitos.
Las cadenas mudas.
La azoté sin piedad.
La azoté con el látigo hecho de cuero de potro. Un potro
manso y sosegado. Aquel que, cuando yo niño, muy niño,
me paseó con tranco lento por sobre el primer cerro que veía.
La azoté más y más.

Entonces todo el barrio, todo Santiago, todo Chile, toda América
oyó, en medio de la noche, el grito ronco de una mujer que gozaba.

Juan Emar - Diez

lunes, 7 de octubre de 2013

amanecer


Anoto esto
no sé a qué hora de la madrugada
despierto
enciendo la luz y lo anoto
no sé adonde dirigirme
a quién morder
no estoy bien de la cabeza
debería amanecer.



Claudio Bertoni - De vez en cuando