mejor me pongo a escribir, porque ayer soñé con el A y hoy con el Be y con el De, y eso es raro, porque podría soñar otras cosas, con gente nueva, con otras geografías. En el sueño de ayer parecía estar en un pueblo de Bolivia que no conocía, las calles eran de adoquines, habían bananos y se veían montañas a lo lejos. Yo me alejaba de la Pe y del Erre, me iba a caminar media nerviosa. Entre las calles me encontraba con un grupo de locos, reconocía al A, el A me decía que se iba a quedar hasta mañana en el pueblo y que esa noche iban a dormir en un cerro, en la cantera. Después el A se ponía en posición fetal sobre el cemento y me pedía que le besara la mejilla. Era dulce. Yo lo hacía y me iba. Llegaba donde los chiquillos y les contaba que me había encontrado con el A, les pedía que esa noche fuéramos a quedarnos con el a la cantera, los chiquillos aceptaban. Después estábamos en el cerro, no recuerdo haber visto a nadie, pero me sentía acompañada. El cerro era verde verde, como Rumié después de que llueve. Yo veía que una familia de gente rubia y adulta subía por una ladera llevando un bulto en alto, de repente el bulto se les caía cerro abajo, era un perro muerto.
En el sueño de hoy yo estaba con el De, estábamos bien, nos queríamos, nos besábamos harto. Creo que yo estaba feliz. El paisaje se parecía al de Valpo, habían casas montadas en los cerros, pero habían escaleras de madera y más arboles. Con el De estábamos caminando y después nos sentábamos en el termino de una escalera. De esa escalera, un rato después, bajaron unos locos que nos saludaban, porque conocían al De y me conocían a mi, pero de distintos lados. Uno de esos locos sabía un secreto mío y me amenazaba con contárselo al De. Yo me sentía culpable.
No sé si antes o después del sueño con el De soñé con el Be. Estábamos en una pieza de hostal que tenía varías camas y una tele al frente, en lo alto. Yo estaba con el Be en una de las camas, en las demás estaban otras personas. Conversábamos con los demás, nos reíamos y veíamos tele. Con el Be estábamos juntos parece, nos abrazábamos de distintas formas
viernes, 21 de marzo de 2014
miércoles, 5 de febrero de 2014
pero puta qué importa
me vi despertando en una cama que no era la mía
con un poco de caña y media confundida
super confundida,
bien extraña
bajé a mi casa como a las una
check in
hacer mochila
partir con sonrisa
bien contenta
aeropuerto 5 horas antes
ver los aviones salir y llegar
sao paulo paris londres iquique
me vi con el erre tomando unas chelas pa resistir la espera
durmiendo en la ceramica fría
y esperar
iquique cavancha la pisca los tatas
arequipeña y los nortinos
oruro y la puta
en cochabamba cachamos al antony
y con las tres imperiales en 25 bolivianos pudimos caminar entre los taxis
y las vendedoras de mangos
nos vi encerrados en hostales con cable
viendo películas y tomando agua
aguantando la lluvia
pensando en valpo y en la nueva vida
copacabana y un poco de sol
la amigdalitis la sonrisa la esperanza verde y los llantos entre las sabanas
ya me empiezo a alejar ya me estoy virando de verdad
los recuerdos se retuercen y la mente se empieza a calmar
soy grande tan grande que me asusta y el lago se mueve igual
buses pa acá y pa allá
un perro negro mirando al sudeste cerca de abancay
donde todo parecía indicar que el frío iba a parar
que nos vamos al mar que nos vamos a bañar
y ahora lima y de repente somos turistas
y ya no me acuerdo de nada
ya no sé nada
ni porqué me vine
ni cómo voy a empezar
con un poco de caña y media confundida
super confundida,
bien extraña
bajé a mi casa como a las una
check in
hacer mochila
partir con sonrisa
bien contenta
aeropuerto 5 horas antes
ver los aviones salir y llegar
sao paulo paris londres iquique
me vi con el erre tomando unas chelas pa resistir la espera
durmiendo en la ceramica fría
y esperar
iquique cavancha la pisca los tatas
arequipeña y los nortinos
oruro y la puta
en cochabamba cachamos al antony
y con las tres imperiales en 25 bolivianos pudimos caminar entre los taxis
y las vendedoras de mangos
nos vi encerrados en hostales con cable
viendo películas y tomando agua
aguantando la lluvia
pensando en valpo y en la nueva vida
copacabana y un poco de sol
la amigdalitis la sonrisa la esperanza verde y los llantos entre las sabanas
ya me empiezo a alejar ya me estoy virando de verdad
los recuerdos se retuercen y la mente se empieza a calmar
soy grande tan grande que me asusta y el lago se mueve igual
buses pa acá y pa allá
un perro negro mirando al sudeste cerca de abancay
donde todo parecía indicar que el frío iba a parar
que nos vamos al mar que nos vamos a bañar
y ahora lima y de repente somos turistas
y ya no me acuerdo de nada
ya no sé nada
ni porqué me vine
ni cómo voy a empezar
viernes, 22 de noviembre de 2013
**
- tengo la idea de que si vamos a Bolivia
erre se quede allá,
que me diga: " pe, me quiero quedar",
y que yo le responda: "quédate, quédate."
Después lo abrazo fuerte,
y le digo que no se preocupe,
que los papás ya no son papás,
que nosotros ya no somos hijos,
que sólo somos erre y pe;
podemos desaparecer cuando queramos.
erre se quede allá,
que me diga: " pe, me quiero quedar",
y que yo le responda: "quédate, quédate."
Después lo abrazo fuerte,
y le digo que no se preocupe,
que los papás ya no son papás,
que nosotros ya no somos hijos,
que sólo somos erre y pe;
podemos desaparecer cuando queramos.
jueves, 14 de noviembre de 2013
lunes, 4 de noviembre de 2013
martes, 29 de octubre de 2013
lunes, 21 de octubre de 2013
*
Ayer oí el grito ronco de una mujer que gozaba.
un momento después me tomé una copa de alcohol puro.
Y lloré sobre las desventuras que afligen a mis semejantes.
Luego tomé una copa de whisky. Lloré sobre cuanto tienen
que sufrir, a causa de mis semejantes, los animales y las aves
de nuestro planeta.
Luego tomé una copa de pisco. Lloré por los reptiles, los peces
y los insectos.
Luego, una copa de vino. Lloré por las flores, las hojas, los
frutos, por las raíces que se entierran suelo abajo.
Por fin tomé un vaso de cerveza. Lloré por nuestros hermanos,
nuestros tiernos y dulces hermanos que no hablan, que no
crecen, que no fornican: los minerales.
Entonces me encomendé al obispo de la Vía Láctea y le imploré
tuviese a bien pedirle al sumo hacedor hiciese caer sobre la Tierra
una lluvia abundante de agua de Su Reino o de las simples nubes
si el tedio en aquel instante lo dominaba.
Llovió.
Estiré ambas manos juntas. Me incliné sobre ellas. Bebí,
bebí agua, agua inocente y celeste.
Apareció pibesa, lenta, regular, sobre sus empinados
taconcitos rojos.
Sonriente, se dejó atar con cadenas gruesas.
Desnuda, clara, lejos de toda sombra de alcohol. Clara,
diáfana. Su cabellera de oro viejo y oscuro; su sexo de oro vibrante.
Sus pies con las dos largas gotas sangrientas de los taconcitos.
Las cadenas mudas.
La azoté sin piedad.
La azoté con el látigo hecho de cuero de potro. Un potro
manso y sosegado. Aquel que, cuando yo niño, muy niño,
me paseó con tranco lento por sobre el primer cerro que veía.
La azoté más y más.
Entonces todo el barrio, todo Santiago, todo Chile, toda América
oyó, en medio de la noche, el grito ronco de una mujer que gozaba.
un momento después me tomé una copa de alcohol puro.
Y lloré sobre las desventuras que afligen a mis semejantes.
Luego tomé una copa de whisky. Lloré sobre cuanto tienen
que sufrir, a causa de mis semejantes, los animales y las aves
de nuestro planeta.
Luego tomé una copa de pisco. Lloré por los reptiles, los peces
y los insectos.
Luego, una copa de vino. Lloré por las flores, las hojas, los
frutos, por las raíces que se entierran suelo abajo.
Por fin tomé un vaso de cerveza. Lloré por nuestros hermanos,
nuestros tiernos y dulces hermanos que no hablan, que no
crecen, que no fornican: los minerales.
Entonces me encomendé al obispo de la Vía Láctea y le imploré
tuviese a bien pedirle al sumo hacedor hiciese caer sobre la Tierra
una lluvia abundante de agua de Su Reino o de las simples nubes
si el tedio en aquel instante lo dominaba.
Llovió.
Estiré ambas manos juntas. Me incliné sobre ellas. Bebí,
bebí agua, agua inocente y celeste.
Apareció pibesa, lenta, regular, sobre sus empinados
taconcitos rojos.
Sonriente, se dejó atar con cadenas gruesas.
Desnuda, clara, lejos de toda sombra de alcohol. Clara,
diáfana. Su cabellera de oro viejo y oscuro; su sexo de oro vibrante.
Sus pies con las dos largas gotas sangrientas de los taconcitos.
Las cadenas mudas.
La azoté sin piedad.
La azoté con el látigo hecho de cuero de potro. Un potro
manso y sosegado. Aquel que, cuando yo niño, muy niño,
me paseó con tranco lento por sobre el primer cerro que veía.
La azoté más y más.
Entonces todo el barrio, todo Santiago, todo Chile, toda América
oyó, en medio de la noche, el grito ronco de una mujer que gozaba.
Juan Emar - Diez
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
