domingo, 26 de febrero de 2017

(?)

Oda al York de chocolate de dos palitos, pensé cuando me terminaba uno de esos afuera del Ripley de Quilpué. Yo iba a cambiar una polera que me había regalado mi papá, y esa era mi actividad más importante durante todo el día, una especie de misión.
Era un verano caluroso, y un poco solitario. Había terminado con mi pololo hace dos semanas y sentía que mi futuro próximo era un poco incierto, aunque eso no era tan malo, lo peor ya había pasado. De eso estaba parcialmente segura.

útimos sueños

* soñé que un grupo de serpientes subía por mis piernas,
hasta que maté a una con un cuchillo.

* íbamos caminando por un valle, habían obstáculos, pozas y flores.
nos perdíamos y nos encontrábamos, todo era muy extraño.

* estábamos en una especie de pileta con el A, donde el agua bajaba por una cascada.
nadábamos con salmones.

* abrazaba al Ce mientras quedaba la cagá en Santiago,
aviones pasaban volando a poca altura por el cielo.

viernes, 14 de octubre de 2016

a

Hace como un mes un grupo de amigos arrendó la casa de la esquina. Los he visto por el ventanal cuando paso camino al paradero, casi siempre almorzando, o sentados en la mesa del comedor conversando. Creo que son dos hombres y dos mujeres, medios punkis, pero no totalmente. 
Ayer vi que sembraron tomates en el patio, que compraron frutillas y paltas en la feria.
Yo iba apurada a la u, sin amigos, sin frutillas.

sábado, 27 de agosto de 2016

tres?

Miraba un cerro: era verde y bien formado, tenía arbustos pequeños y algunas rocas          
Quería correr hacia el, jugar, pero mi papá me decía que habían fieras rodeandolo, que nos fuéramos. 
Construímos un refugio con ramas y piedras. Nos metimos en el. Mi papá, el R y yo.
Las fieras llegaron, pero no podían entrar al refugio.
Las veía acecharnos: chitas, tigres y pumas.                                                                                                                                                                           
Estaba esperando un ascensor con algunas personas más.
El lugar se parecía al edificio de valpo, pero era menos oscuro.
El ascensor llegaba y me subía con tres personas.
Yo marcaba el 36, ellos marcaban números mucho más altos: 102, 98 y 303.
El ascensor empezaba a subir, aumentaba  la velocidad mientra avanzabamos por los pisos.
Me quise bajar, pero una mujer que estaba ahí me dijo que ya no podía, que ahora el ascensor iba a salir y tenía que afirmarme.
El ascensor salió del edificio y empezó a subir a toda velocidad por unos rieles que se dirigían a un punto que no podía ver. Tenía miedo, me afirmaba con dificultad de los bordes del ascensor, que ahora era una especie de contenedor de madera.
Mi celular se caía y al intentar agarrarlo por poco me caigo yo. 
Los demás pasajeros me sujetaron.
"Ya vamos a llegar", decían.




                 

martes, 21 de junio de 2016

La endemoniada de Santiago





no quiero
ir a Concón
para no perder
la posibilidad
de buscarte
o ser divina
y telefónicamente
buscado por ti.
Claudio Bertoni - De vez en cuando

martes, 12 de enero de 2016

Créeme a mí, que te quiero, no desees morir, la muerte no es un descanso exacto, un refugio seguro. ¿Cómo podemos descansar si, cuando llegamos donde ella, nosotros ya no somos nosotros? La muerte es una cosa desconocida que no podemos ver desde donde estamos. De verdad, la vida es vulgar, es sombría en todos sus grandes pedazos y por ella misma no vale la pena vivirla, desenrrollarla. Pero podemos tolerarla a causa de las cosas que en ella encontramos y que no siempre son la vida, por ejemplo, la alegría, los sueños, las ideas raras, los países que surgen del vino, las creencias que surgen de tanta cosa, por ejemplo, el amor hacia alguna gente, a los seres de la gente, a los seres de las cosas. ¿Te das cuenta?

 Carlos Droguett - 60 muertos en la escaleta

jueves, 24 de diciembre de 2015

Yo no era todo eso, había algo más: había el espacio, la tierra, los ríos, las montañas, el océano, las estepas, los bosques, el chaco, por ejemplo, o la Patagonia, las mesetas altas de la cordillera peruana, boliviana o colombiana (...) y el Amazonas y el despoblado de Atacama, todo aquello que sabía que existía y que estaba como esperándolo, con sus silencios, su soledad, su grande y hermoso espacio, su frío o su calor, su humedad o su sequedad, su vida o su muerte ¿Cuándo podría conocer todo aquello que parecía hacerle falta, como si fuese algo indispensable para él, una parte de sí mismo que algún día debería incorporarse a él?

Manuel Rojas - Mejor que el vino